EL ESCRITOR GAMBERRO
Si me preguntan por qué, yo siempre contesto que no sé.
Si lo discutimos tomándonos una cerveza, yo quizá les cuente algo, pero empecemos por el principio. Yo nunca robé esos libros para enriquecerme y pagarme una dosis, no. Los robé por pura avaricia que para que me invitasen ya tenía amigos de sobra. No entiendo cómo con lo estúpido que soy, aun tengo amigos. Y tengo muchos. Por lo demás, no estamos hablando de libros, lo sé. Tampoco de drogas, ese tema aburre. Ustedes quieren saber más de mí. Saber por saber. Supongo que se aburren en casa, ¡y quien no! Las casas se hicieron para cuando llueve o en su defecto para joder a gusto, pero mejor en casa ajena. Cuando me levanto, a veces me gusta salir a la calle a respirar, así, sin quitar las legañas y sin ponerme los calzoncillos todavía. Me gusta sentir el bamboleo y la libertad de lo mismo que me importa de si ustedes se aburren en casa, mis cojones. Groserías aparte, escribir así, cuando suena ácido en la casa, es un ejercicio de lo más estimulante. Muchos no sabéis lo que es el ácido en la electrónica, mala suerte, me importa un bledo, lo mismo que a Clark Gable Vivian Leigh en Lo que el viento se llevó. Uno no lo puede saber todo, pero ha de estar más despierto ¡coño!
Si al final uno cuando se muere, piensa que ya es tarde para todo lo demás, pero pronto para morirse. Hasta un gamberro piensa eso cuando le queda poco. Si en su ciudad no hay aceras, mala suerte, no sabe lo que es pasear y difícilmente le apetecerá salir a la calle sin quitarse las lagañas, no sea que un taxi loco le atropelle.
Si lo que escribo le aburre ¿por qué me lee? ¿Se aburre en casa?
¿Por dónde íbamos? No sé, ya me cansé.
Homenaje a todos los escritores gamberros, que los hubo, y muchos.
Se acabó.
Bueno señoras y señores, hoy mi vida ha llegado a un punto en el que ya no necesito seguir escribiendo aquí. La complexión viciosa es ya un recuerdo o eso espero. No encuentro temas ni motivación sobre los que escribir aunque mi vida no se ha muerto, al contrario. Empecé cuando no sabía qué hacer con ella, en una de las peores fases personales de mi vida por problemas que no voy a enumerar. Ahora por fin llevo una vida normal de la que estoy orgulloso. Estoy encontrando mi camino y estoy seguro de que volveré a escribir en un blog, no sé cómo ni cuando, pero lo volveré a hacer. Ahora ya no me apetece, en la vida hay momentos para todo y esto ha sido muy bueno gracias a ustedes que me han leído. En el recuerdo queda. Gracias por todo y nos volveremos a encontrar en otro momento. Ya les iré contando.
Conexiones.
Empiezo a escribir este blog en febrero de este año. La idea es la siguiente, escribir sin más las cosas que se me pasen por la cabeza. También hay un sentido terapéutico en todo esto y como siempre he dicho un punto de vanidad. Me resguardo en el anonimato, siempre relativo porque algún amigo que otro lo sabe y lo lee, sabiendo que me podrá conocer un poco más, pasar un buen rato o sorprenderse con todo lo que hay dentro de esta cabeza. Visitas las de los amigos que no me sorprenden, pero sí las que no se de quien son. Intento pensar las conexiones, de un link a otro link. Ahora utilizo facebook y desde ahí me imagino me visitan, lo único que no me gusta es que quien visita desde allí, sabe quien soy. Reconozco que a veces toco temas particulares y juego a menudo con los títulos para asegurarme visitas. El otro día sin ir más lejos, en estadísticas del blog encuentro las claves de búsqueda por las que llegan a mí, “sexo con enanos” e “incesto”; gracias a Calígula. Otro día con el post del Imperio de los sentidos al contener la palabra “pornografía”, me llueven de nuevo las visitas. El día que murió Delibes lo mismo pero sin porno. Bueno, ya sabemos lo que vende.
Ahora bien, tengo visitas de Ecuador, Colombia, por ahí me imagino de dónde puede venir, pero sin embargo tengo de México, Argentina, Perú, Estados Unidos, en concreto los más recurrentes Yonkers y North Hollywood, Inglaterra, Alemania, Francia, Malasia, esto último increíble, y hoy Panamá, precisamente que liberan a Noriega. No sé que decir, que me encanta pensar en poder llegar tan lejos, no en demasiada cantidad, es un blog muy modesto la verdad. Me encantaría saber quienes son, porque me leen y si en realidad lo disfrutan. ¿Tan divertidas o interesantes son las locuras que hay en mi cabeza?¿Mi modesto bagaje cultural?¿Mis dudosos gustos literarios?¿Mi chulería innata? No sé, ni idea, pero me encantan esas conexiones que demuestran que el mundo es un pañuelo y que hay infinidad de cosas que nos gustan y nos unen. Sólo agradecerles las visitas y decirles que por favor, opinen. Gracias, un beso a todos.
Sin tener ni idea.
Sin tener ni idea casi de la vida y mucho menos de la literatura leo con agrado las declaraciones del nuevo Premio Cervantes, el poeta mexicano José Emilio Pacheco. Me llama la atención la cantidad de nombres compuestos que hay en latinoamérica, suenan a telenovela total, al menos a los europeos. El señor me parece encantador, además el Rey dice que su obra es social y demás cosas. Ya se sabe que un rey sabe mucho de los temas sociales o mejor dicho de los temas de sociedad, que no es lo mismo. Me parece estupendo que se haya olvidado los tirantes Don José Emilio, porque detalles así nos acercan a este tipo de personas tocadas con la gracia de generar la belleza. Los 120.o00 euros de premio nos alejan un poco, yo sé, pero me sigue agradando este tipo, el cual no tengo ni idea de lo que ha escrito. Se dedica a alabar la figura de Cervantes, nuestro manco, sufrido y popular escritor y confunde la fecha del Quijote en un siglo, los medios se hacen eco de nuevo de que es humano. Yo también y por eso no tengo ni idea. Me llama la atención una cosa, su lamento porque las obras universales no lo sean más debido al cambio constante del sentido de las palabras. Estoy de acuerdo, pero añado más, las palabras no sólo cambian de sentido, se pierden sin más. Desaparecen.
Ayer tomando unas cervezas o “chelas” con un par de amigos colombianos hablábamos de lo diferente que nos expresábamos, lo que cambian no sólo el significado de las palabras sino la manera de decirlo. La manera de bromear incluso, los españoles tenemos fama de secos, serios y con un habla o hablado como dirían ellos, como de persona enfadada. Me comentaba una chica de allí dónde la tierra se parte en dos mitades, que yo me dirigía a un amigo como si no lo fuéramos. Nos conocemos de siempre y nos tenemos cariño, pero debe ser que nos falta la dulzura y que la pronunciación de los fonemas fricativos interdentales sordos, nos hacen parecer más rudos. También la ironía hace mucho, no sé, no tengo ni idea. Lo que sé es que la chavala me ha entendido bastante bien lo que me hace feliz, no saben ustedes cuanto.
Me alegra este Premio Cervantes, el premiado tiene aspecto de ser una gran persona, y me encanta lo que ha dicho de que el premio debería ser para Cervantes. Hagámoslo así y nos ahorramos la pasta del premio.
Día de San Jordi. Libros del Barça.
Me levanto a eso de las 8:15 horas, como un señor lo reconozco, me ducho y empiezo a hacer el desayuno y a poner la mesa. Pan tostado, uvas y fresas, un yogourt y té para dos, estamos en fase sana, o eso pretendemos. Enciendo la televisión para ver las noticias ya que junto con el periódico que leo en la cafetería frente a mi estudio es la única manera de enterarme de lo que pasa en el mundo. Dentro de la sección de noticias banales una reportera dicharachera, no de Barrio Sésamo, sino de la primera cadena informa que hoy es San Jordi en Cataluña. Eso me recuerda que tengo que felicitar a mis Jorges, en especial al que llamo José Miguel que es el que más lo vive, por ello tiene una estampa de San Jorge matando el dragón en su casa. Felicidades Jorge. En fin al grano, previsión de miles de ventas de rosas, qué bonitas, y miles de libros, entre los más vendidos la trilogía de Larsson ese pesao y sobre todo libros sobre el Barça. Patéticamente triste gastar papel en semejante mierda. No porque sea del Madrid, ojo, que a mi el fútbol me aburre más que a una monja el boxeo, sino porque me parece que eso no es literatura ni es nada, para eso está el Marca o el Sport o como se llamen esos periódicos deportivos o mejor dicho de fútbol. Miles de libros del Barça, miro a mi compañera, futbolera ella, y nos reímos un rato. El día del libro. Por suerte para muchos el día del Barça es cada semana y para otros como yo, el día del libro es todos los días. Un respeto a los aficionados al fútbol y a ese equipo que creo que es el de moda. Algún día los libros estarán de moda, mientras tanto pan et circvs, eso sí con mantequilla salada.
Le faltaba cintura.
Le faltaba cintura, no en el sentido morfológico ya que pertenecía al grupo de las mujeres “peineta”, mucho culo y poca teta. Le faltaba cintura para esquivar los infortunios de la vida. Tampoco es que fuera muy desgraciada, pero medía sus problemas por su propio rasero no en comparación a los demás. A veces sus amigos pensaban incluso que era una exagerada y que le gustaba alardear de ser una mujer frágil envuelta en una apariencia fuerte. Para mí no era más que una mujerzuela vulgar llena de complejos. Te escribo esta carta querido amigo, para que entiendas cómo fue mi llegada al Madrid de aquel entonces y que sepas, el tipo de mujeres que yo era capaz de atraer. Mujeres complicadas y con tendencia al dramatismo. Yo era consciente de ello, pero te he de confesar una cosa, quería ser poeta, y un poeta no puede ser alguien feliz, o eso pensaba de aquella. Lo único que podía achacarle como falta grave en el empeño que tenía porque fuese mi complemento perfecto de pseudo poeta maldito era que no le gustaban nada las drogas. Fácil y bonito hubiese sido que ella me arrastrase a una espiral de decadencia y destrucción como una Eva de la transición, empujándome a pecar y hundir a toda la humanidad que terminaba en mí mismo. Ni siquiera le gustaba el vino. A mí tampoco las drogas pero creeme, no hubiese aguantado a toda esa caterva de pretenciosos niños de papá con ínfulas de cultureta y melenas rizosas y pobladas barbas sino me hubiese drogado en ocasiones. En aquella época hasta los futbolistas tenían barba. Hacía el amor sin gracia. Yo, ya que ella por mucho que lo intentase no era capaz de despertar en mí más que la necesidad imperiosa de eyacular de vez en cuando. Hablaba por los codos con un discurso locuaz y pagado de sí mismo. El pronombre de primera persona del singular surgía en cada frase y yo miraba absorto la pared del cuarto que nos correspondía en aquella fría casa del barrio de Chamberí. No la quería escuchar, pero su timbre atiplado me taladraba y se metía en mi cerebro incrustándoseme en el hipotálamo. ¡Menuda mujer de poeta! Aunque no he visto muchos poetas mujeriegos, sí muchos deportistas, albañiles, cantantes, escritores, pero poetas, casi ninguno. Un día la eché de casa. Otro día la saludé por la calle. Otro día miré hacia otro lado. No sé querido amigo porque te cuento esto, quizá para que no pienses cosas que nunca han sido. Un abrazo en la distancia.
José Elías
Por fín Genet.
No hace mucho presté a un amigo Diario de ladrón (1949), libro que a su vez me había sido regalado por otro gran amigo. Le gusta y me envía un video y un link de un increíble artículo de Juan Goytisolo para El País, “La santidad de Genet”. Ahora con este estímulo creo que me apetece escribir por fin sobre Jean Genet, mi admirado escritor francés. Supongo que siempre me ha gustado llevar la contraria, sobre todo a mi mismo. Recuerdo cómo las primeras lecturas del marqués de Sade, en concreto Justine o los infortunios de la virtud (1791), me habían revuelto por dentro. No en el sentido escatológico, sino en el moral. Leerlo era como cruzar mentalmente la frontera de la moral establecida, un viaje al otro lado. Le salva todo el trasfondo político y filosófico que hay en este ilustrado ortodoxo. Otra cosa es Genet, ese huérfano canalla que aprendió a escribir en la cárcel como sólo los ángeles, si es que existieran, podrían hacerlo. Genet debió leer mucho y bien, y si no es así, no me explico cómo con esa vida que llevaba, fue capaz de admirar al mismísimo Cocteau y al agrio Jean Paul Sartre. Criado en la inclusa, educado en varios reformatorios empieza una vida, o mejor dicho, vive la que le corresponde de manara azarosa, vil e irremediablemente periférica. Vida que plasma en las líneas de sus libros pobladas de personajes oscuros, marginales, imperfectos y miserables junto a actos impíos, delictivos y en ocasiones humillantes. Todos estos elementos componen la especial hagiografía genetiana, el ensalzamiento de lo vil y abyecto; la transgresión de los valores, escalas sociales y moral acostumbrada en su época y en la nuestra. Ocurre lo mismo que leer a Sade, salvando las distancias y obviando las diferencias. Es como una travesura, leer, disfrutar y llegar a amar todo lo que contienen sus líneas, llenas de belleza. Ahí radica mi admiración y supongo la de todos por Genet, la belleza que hay en la miseria. No ha sido el único evidentemente en poder y saber plasmarla, ahí tenemos a los directores de cine italianos, a la literatura española, Sender, Cela, Baroja, Delibes, etc. Pero sí es verdad que ha sido para ello un maestro, el inventor de la deificación de lo amoral. Sólo él compara los piojos con las joyas en los ricos, la mugre con la categoría, la prostitución con el más noble de los trabajos y un largo sinfín de ejemplos que constituyen al final, la base y la excusa para su particular poética. El añadido, queridos amarillistas está en la veracidad de los hechos, la mayoría vividos por este señor que vivía en la miseria, ladrón de poca monta y que disfrutaba con su proceso de “subersión íntima”, como dice Goytisolo, su envilecimiento progresivo y sus paseos por un territorio moral ajeno a la mayoría de todos aquellos que luego lo leerían y admirarían con el paso de los años. No en vano Genet es quien es, gracias a lo que ha sido. Sé que no he aclarado muchas cosas, sólo me apetecía hablar de él. Os lo recomiendo encarecidamente.





